El premio a la hipocresía nacionalista: Entre Leonel Fernández, Vincho, Pelegrín o López Rodríguez

A mi hermana y compañera Sonia Pierre:

Tu causa triunfará porque es la causa del pueblo;

tu sacrificio en la lucha por los derechos humanos

y la dignidad humana nunca fue ni será en vano.

Gracias por ser una buena dominicana y

no olvidarte jamás de la otra mitad de la isla.

Disfruta tu inmortalidad en el paraíso;

ya saliste del purgatorio dominicano.

¡Vivirás! porque lo que se quiere nunca muere

  Sonia Pierre

 

Introducción:

Curiosamente la República Dominicana es un país que siempre abre las puertas de una manera amable a las personas que le visitan. Aun más, se empeña en que no nos vayamos y esta hospitalidad siempre me impresionó para convertirme en uno de sus hijos adoptivos. Para mí un honor y un privilegio. De aquí el que me atreva a afirmar que en el contexto de la realidad dominicana, el término xenofobia (entiéndase miedo, hostilidad, rechazo u odio a las personas extranjeras) me parece a mí que no aplica y no deberíamos de usarlo. Ahora bien ¿qué términos aplican? Yo diría, sin temor a equivocarme, que como el rechazo es exclusivamente dirigido hacia un grupo étnico/racial en particular, podríamos recurrir al vocablo popular de llamarle al pan, pan; y al vino, vino. Por lo tanto, en vez de xenofobia, vamos a llamarle, racismo y anti-haitianismo; o sea, que es correcto decir que en la cultura dominicana existen unos males que conocemos por negro-fobia y haitiano/a-fobia y los mismos han sido utilizados para lograr lo que podemos llamar la construcción social de la criminalización de la inmigración haitiana. Lo bueno es que estas enfermedades –en vocabulario teológico son pecados capitales- no dejan de ser violaciones a los derechos humanos y a la dignidad humana y las mismas se pueden curar.

La criminalización de la inmigración:

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La limpieza étnica más allá de referirse a las diferentes modalidades de desterrar, deportar, expatriar o desplazar de un territorio a seres humanos de otro grupo étnico que denominamos “ilegales”,  tiene como objetivo principal el poder tratar de validar una doctrina de homogeneidad étnica. La disciplina falsa de la uniformidad dominicana, tratando de insinuar erróneamente que son blancos, católicos y españoles, es parte de las subestructuras  que construyen la ideología de supremacía de la dominicanidad, subordinación de la haitianidad y la justificación de la deshaitianización en el país.

Asimismo, en la República Dominicana, la criminalización de la inmigración haitiana incita al odio racial y además asigna a la Policía Nacional, y a otras entidades, una misión imposible de cumplir, porque la forzosa inmigración económica y social es sólo un síntoma de relación con una insostenible situación de los/as ciudadanos/as. Si no, que le pregunten al pueblo dominicano que se tira en yolas hacia Puerto Rico. Ambos pueblos, dominicano y haitiano, tienen el mismo enemigo; una clase dominante que se apoderó de los recursos del pueblo creando la pobreza en la mayoría de la gente y dejándoles como alternativa el que tengan que emigrar. Muy bien lo dijo Juan Bosch: No hay diferencia fundamental entre los dominicanos y los haitianos de la clase dominante. (Carta para la historia: 14 de junio de 1943). Ahora bien, en esa criminalización es que se produce el antihaitianismo, el cual no deja de ser el resultado de  un  seudo-nacionalismo dominicano que construye erróneamente una realidad del delito. Esta realidad distorsionada no toma en consideración otra realidad tan importante como lo es el reconocer que la globalización produce forzosamente la inmigración que se convierte en capital socio-económico y a la misma vez criminaliza a los/as inmigrantes. De aquí el que tengamos que decir que existe entonces una coquetería de atracción cultural y de rechazo socio-económico. Algo así como lo que Jock Young denomina como “sociedad bulímica”: cuando te necesito te trago y cuando no te necesito te vomito.

Pero el caso dominicano es una vertiente diferente, la economía dominicana ha dependido y depende de la mano de obra haitiana pero al mismo tiempo políticamente se impulsan unas medidas antihaitianas que amenazan los intereses económicos de amplios sectores. Creo que se usa coyunturalmente, para distraer la atención del pueblo, focalizar un enemigo externo)

Por desgracia, a pesar de lo antes expuesto, quienes son partidarios de leyes inhumanas para discriminar contra las/os dominicanos de ascendencia haitiana o haitianas/os, gozan de un apoyo “popular” dentro de la sociedad dominicana. La excusa sigue siendo la inmigración “ilegal haitiana” la cual, dicho de otra manera más humana, podemos llamarle la inmigración de hermanas y hermanos indocumentadas/os. Sin embargo, yo sigo creyendo que el racismo dominicano es la principal motivación detrás de estas medidas draconianas.  

 Leyes fascistoides:

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Lamentablemente  en la construcción social del crimen, los/as imaginarios/as sociales del delito en República Dominicana lo siguen siendo las personas deportadas y la comunidad haitiana. Es decir, no se les ve como iguales, sino más bien inferiores. A esta realidad se suman una serie de seudoperiodistas, que solo tienen alas de cucaracha en la cabeza. De aquí el que entonces los medios de comunicación irresponsables  -haciendo uso intensivo de la doble moral y subordinándose a los intereses de una clase dominante para promover su ideología a través de la desinformación- juegan un papel determinante en la construcción de un mundo de la juridicidad, con el propósito de condicionar la percepción de sus receptores/as y fabricar opinión pública. Sin embargo, esta juridicidad y legalidad no representa al conjunto de la población. Luego, por desgracia, nos encontramos con unos/as magistrados/as que deberían de avergonzarse de tener que aplicar unas leyes fascistas.

Concerniente a las políticas de inmigración, la resolución 12-07 aprobada por la Junta Central Electoral (JCE) instruye desde el año 2007 a los/as oficiales civiles a abstenerse de expedir y firmar copias de actas de nacimiento a hijos/as de extranjeros/as “ilegales” en el país y esto incluye asimismo a  la cédula.  Por supuesto, cuando hablamos de personas “ilegales” en la República Dominicana estamos hablando de dominicanos/as de ascendencia haitiana a quienes arbitrariamente se les sigue clasificando como en “tránsito” o “ilegales”. Con esta medida severa miles de dominicanas/os de ascendencia haitiana han sido privados/as de su nacionalidad. La mayor violación de derechos humanos y de dignidad humana fue demostrada con la aplicación de esta resolución retroactivamente. El pasado mes de noviembre, esta resolución fue validada por la Tercera Sala de la Suprema Corte de Justicia con la sentencia número 460.

Nada nuevo, en la historia de la humanidad siempre podemos encontrar cómo algunas personas se destacan por construir relaciones desiguales de poder y dominación. De aquí la penosa realidad de convertir sujetos en objetos. El fin en todo esto sigue siendo el control social, lo cual es una medida que establecen quienes están en el poder, a través de un conjunto de prácticas que tienen como fin el mantener un orden establecido. Esto puede incluir, como estamos viviendo ahora mismo en República Dominicana, la aprobación de unas leyes que promueven el  antihaitianismo como parte de un movimiento de odio y discrimen racial y religioso impulsado a través de la cultura dominicana.

 

El racismo y la ideología antihaitiana en República Dominicana: 

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Vale la pena mencionar que la negrofobia dominicana es muy selectiva. La misma la podemos definir como el odio hacia algunas personas negras, entiéndase si son haitianas. Pero a la misma vez existe otra variable que no debemos pasar por alto y es que el rechazo es contra haitianos/as negros/as que son pobres; o sea, que el discurso de rechazo tiene a su vez un matiz fuertemente clasista, que se manifiesta en un lenguaje racista y/o antihaitiano. Este análisis de clase pone al descubierto la realidad de que el pueblo haitiano huye de sus explotadores/as de la misma manera que el pueblo dominicano lo está haciendo. No es un secreto que hay  una fuerte ligazón histórica entre las clases altas domínico-haitianas.

No tengo la menor duda cuando digo que el racismo dominicano –aunque no es único- posee profundas raíces históricas, sociales, religiosas y culturales. La intención es poder lograr la devaluación de un grupo en particular, en este caso la comunidad haitiana. De aquí el que, en la construcción social del racismo, debamos entender sus manifestaciones de opresión, explotación y exclusión. Y además el cómo, quienes representan la clase dominante y la clase gobernante; desarrollan tácticas asimilacionistas de emblanquecimiento de la población. Pero además, me parece importante analizar el carácter colonial que también permea al racismo dominicano, donde constantemente se quiere validar la herencia española, el cristianismo y el ser blanco. Con esto no estoy diciendo que no existe un rechazo hacia los/as dominicanos/as negros/as; de ninguna manera. Lo que debemos tener claro es que este fenómeno se complica y tiene  distintas vertientes.  Por un lado la gente racista dominicana rechaza y odia a la gente negra, aunque sean dominicanos/as. Lo que estoy tratando de enfatizar es que al ser la persona rechazada de origen haitiano o de ascendencia haitiana, en el contexto dominicano, el rechazo viene con una porción doble. Al extremo que asimismo podemos encontrar a dominicanas/os negras/os que rechazan y odian a su hermana/o haitiano por dos razones: ser negros/as y ser haitianos/as. Y se complica mucho más porque la creencia popular racista de la negrofobia dominicana es tan fuerte que quieren hacernos creer que no existen personas negras en República Dominicana, sólo haitianas. De aquí el que la mayoría de las personas dominicanas –sean blancas o negras- tienden a decir que tienen una abuela en España; pero casi nunca en África. Esto por supuesto, es otro reflejo de la internalización de la opresión.

Para Albert Memmi y Franz Fanon, la relación entre racismo, colonialismo y colonialista es complementaria. Todo esto persigue el poder controlar a un grupo para lograr el enriquecimiento y el control absoluto de la persona colonizada. Por lo tanto, se hace necesario el que podamos aceptar que, en materia de discriminación y prácticas genocidas, el racismo y la dominación son almas gemelas del mismo demonio. El resultado será el poder lograr la justificación de las relaciones desiguales. Consecuentemente, el racismo dominicano es un racismo colonial. Primeramente tiene un origen colonial que se remonta a España.  Y además actualmente ese racismo  dominicano–aunque funciona dentro de la realidad de ser una colonia de Estados Unidos-  se manifiesta con la eliminación de un espacio físico que pueda denominarse comunidad; hay una anulación política; una explotación socio-económica; una demonización de la cultura; y una invisibilidad ciudadana.  

De la misma manera no tengo la menor duda cuando digo que el antihaitianismo dominicano tiene profundas raíces históricas, sociales, religiosas, culturales, clasistas y colonialistas. Más allá de lo que el historiador Frank Moya Pons pueda decir con su antihaitianismo histórico y antihaitianismo de estado, a mi juicio los dos ideólogos de esta doctrina del Apartheid dominicano lo siguen siendo Manuel Arturo Peña Batlle y Joaquín Balaguer, dos trujillistas y antihaitianos hasta los tuétanos. Ambos desarrollaron el andamiaje ideológico de la haitiano/a-fobia que se sigue manipulando en la actualidad en República Dominicana. A través de esta mendacidad, que no es otra cosa que la capacidad de mentir, muy elocuentemente desarrollaron para el dictador Rafael Trujillo toda una justificación de la enajenación haitiana. Por supuesto, todo  esto demostró que ambos padecían de la misma enfermedad: mendicidad intelectual. 

Los grupos dominicanos que han sido excluidos y discriminados son el resultado de una ideología colonialista –por ejemplo: racismo y antihaitianismo- que buscan ubicar en el pináculo a quienes son hombres, blancos, cristianos católicos, supuestamente heterosexuales, empresarios, políticos, militares, religiosos, etc. Como ese grupo dominante tienen el poder, buscan maneras  de controlar socialmente a través de estatutos, leyes y regulaciones, De nuevo, ejemplo de esta barbarie de control lo es la Resolución 12/07 de la Junta Central Electoral; otra medida antihaitiana que demuestra claramente el cómo el gobierno dominicano sigue ocupado por políticos fascistas que persiguen ignorar el trauma psicosocial de la victimización de los/as inmigrantes haitianos/as o de las/os dominicanas/os de ascendencia haitiana. 

 

¿Los guardianes morales?

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De alguna manera –después de Peña Batlle y Balaguer- hay, a mi juicio, cuatro personajes dominicanos los cuales, me parecen a mí, juegan un papel determinante en validar, proteger y bendecir las políticas antihaitianas y racistas actualmente en la República Dominicana a través del balaguerismo histórico: El presidente Leonel Fernández; el cardenal  Nicolás de Jesús López Rodríguez; el jurista Marino Vinicio Castillo; y el diputado Pelegrín Castillo. Todos ellos insisten en desafiar a organizaciones de derechos humanos internacionales en su intento de mantenerse como la única autoridad con capacidad para aplicar las políticas de inmigración.

El más resbaladizo de estos lo es el Presidente Fernández –quien cae bajo la categoría racial dominicana de blanco oscuro, por lo tanto no es negro- y además, con su estilo, que refleja lo que Rubén Blades denomina la tranquilad del desesperado, tratan de hacernos creer que en asuntos del racismo y antihaitianismo dominicano él ni lava ni presta la batea. Pero usted y yo sabemos muy bien que él es como el gatito de Mario Ramos: tira la piedra y esconde la mano. Para el trabajo sucio siempre tiene sus asesores, esos que validan y bendicen la ideología antihaitiana en este momento en República Dominicana y de la cual él es parte. Aquí entran en acción los otros tres personajes que están compitiendo para el premio de la hipocresía nacionalista dominicana.

A esta injusticia jurídica de la JCE y de la Suprema Corte de Justicia, el cardenal Nicolás de Jesús López Rodríguez   -con una teología de pereza moral- nos exhorta a obedecer unas leyes las cuales sabemos muy bien que son injustas. Su actitud  no deja de ser una especie de desprecio, prepotencia y demagogia, alejándose de la verdad del Evangelio Social del hermano y compañero Jesús, el cual está fundamentado en los pilares de un ministerio de la reconciliación.  Es por esto que somos llamados en nuestros ministerios ha establecer la paz con justicia, o sea, el construir unos ministerios de reconciliación en donde no le pidamos a las personas que acepten la opresión, exclusión y/o explotación como medida de traer tranquilidad al status quo y aliviar su malestar.  Estas medidas indignas nada tienen que ver con reconciliación. La narrativa bíblica del Salmista David nos dice lo siguiente: La misericordia y la  verdad se encontraron; la justicia y la paz se besaron. Salmo 85:10. El encuentro en donde la paz y la justicia se besaron, y el Cardenal López Rodríguez rechaza, es lo que Juan Bosch, en el contexto dominicano-haitiano describe muy cristianamente:  

 Creo que Uds. no han meditado sobre el derecho de un ser humano, sea haitiano o chino, a vivir con aquel mínimo de bienestar indispensable para que la vida no sea una carga insoportable; que Uds. consideran a los haitianos punto menos que animales, porque a los cerdos, a las vacas, a los perros no les negarían Uds. el derecho de vivir”… (Carta para la historia: 14 de junio de 1943).

Junto a Vincho Castillo y a Pelegrín Castillo, el cardenal López Rodríguez, muy atrevida y desatinadamente, se atrevió a decir en varias ocasiones que la activista dominicana por los derechos humanos, Sonia Pierre, no era amiga del pueblo dominicano. Esto sólo porque Sonia se atrevió a denunciar  la violación de derechos humanos y la dignidad humana hacia el pueblo haitiano y las/os dominicanas/os de ascendencia haitiana en República Dominicana. Les dolió y sangraron por la herida que una mujer, negra, dominicana, asertiva, comprometida, honesta, inteligente y bella, sobrepasó la intransigencia de todos ellos y demostró tener mayor solidaridad. La hermosura en todo esto sigue siendo que sin ser religiosa, cada día se parecía mucho más a Jesús. 

Ahora bien, si vamos a hablar de quienes no son amigos del pueblo dominicano, porque lo manchan y lo deshonran, ¿por qué el Cardenal  López Rodríguez, el Jurista Vincho Castillo el Jurista Pelegrín Catillo y el Presidente Fernández no identifican a los verdaderos traidores que se sientan a la mesa con ellos? Por ejemplo, qué tienen que decir estos personajes sobre Ramón Báez Figueroa, quien continúa disfrutando de una especie de impunidad de Estado, luego de que, juntos a otros pillos, desfalcaron el Banco Intercontinental (Baninter) por unos US$2.7 billones, fraude que dejó un déficit económico para que el pueblo dominicano pagara la cantidad de RD$70 billones. A mi entender, este señor no es amigo del pueblo dominicano.

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 ¿O qué tienen que decir del Ex-Coronel Pedro Julio “Pepe” Goico y la famosa transacción de US$1.8 millones en el helicóptero Colibrí? A mi juicio, este señor no es un amigo del pueblo dominicano.

Me gustaría saber qué tienen que decir ellos sobre la vagabundería política-religiosa de un  Concordato entre la Santa Sede y la República Dominicana, el cual se caracteriza por ser excluyente y elitista, privilegiando a la Religión Católica, Apostólica y Romana como la religión oficial de la República Dominicana. Asimismo el Estado Dominicano reconoce a la Iglesia Católica el carácter de sociedad perfecta. Ambas posturas antidemocráticas no dejan de ser una violación a los derechos y la dignidad humana. El Concordato no establece una amistad de igualdad con el pueblo dominicano por las diversidades que este pueblo representa.

También me gustaría saber lo que opinan esos cuatro supuestos paladines de la democracia dominicana concerniente a los crímenes de pedofilia cometidos en la diócesis de Higüey y caracterizados por encubrimientos, impunidad, callar testigos, etc., los cuales han alcanzado una dimensión mundial. ¿Son estas personas que cometieron estos crímenes, y quienes les encubrieron, amigos del pueblo dominicano? No lo creo.

Igualmente en el caso del profesor Narciso González (Narcisazo); ¿qué tienen que decir esos señores de la moralidad dominicana y la manera en que el gobierno está manipulando el caso ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos para que la verdad no salga triunfante y los culpables paguen sus penas? Este crimen de Estado deja mucho que decir porque en el mismo se encubren a una serie de generales y ofíciales de gobierno que no son amigos del pueblo dominicano.

Y por supuesto ¿en dónde dejamos los otros enemigos del pueblo dominicano como lo son el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial, quienes intervienen en la política nacional del Estado y establecen unos intereses que empeoran e incrementan la deuda interna y externa? ¿Son estas personas amigas del pueblo dominicano? No lo creo.

Ahora bien, en sus ataques contra la hermana Sonia Pierre y la defensa blandengue de la Resolución de la JCE 12-07 y de la decisión de la Tercera Sala de la Suprema Corte de Justicia con la sentencia número 460,  ¿qué le falta al análisis superficial del Cardenal López Rodríguez, al Jurista Vinicio Castillo, al Jurista Pelegrín Castillo y al Presidente Fernández? Por un lado, no toman en consideración la correlación que existe entre las políticas de la globalización económica del neoliberalismo y el cómo ante este fenómeno  muchos Estados optan por criminalizar a las personas inmigrantes para ocultar las verdaderas razones del fracaso del proyecto capitalista: el desempleo, la falta de viviendas, la escasez de servicios médicos, el alto costo de vida, etc. Para ellos es mucho más fácil, aquí en la República Dominicana, buscar explicaciones micro sociales y decir que el pueblo haitiano es la causa principal de los males del país.

Asimismo ninguno de ellos realiza un análisis serio de lo que es la sociedad de clase dominicana para poder entender, dentro de del contexto de la coerción socio-económica del fenómeno haitiano. Sobre todo la opresión, la explotación y la exclusión dentro de la sociedad dominicana. Hay la necesidad de movernos más allá del conservadurismo de Peña Batlle, Balaguer, Fernández, López Rodríguez, V. Castillo y P. Castillo, lo cual no deja de ser un intento de apología y una defensa de las ideas, opiniones y perspectivas de quienes por lo general están en la derecha o centro derecha. Todo esto porque están en desacuerdo con cualquier movimiento que deje como resultado los cambios socio-políticos o económicos que beneficiaran al pueblo y no a una clase en particular. De aquí la necesidad de analizar críticamente lo que Juan Bosch nos dice: Nuestro deber como dominicanos que formamos parte de la humanidad es defender al pueblo haitiano de sus explotadores, con igual ardor que al pueblo dominicano de los suyos. (Carta para la historia: 14 junio de 1943).

Por otro lado, les falta análisis serio para dejar ver el cómo, en la República Dominicana, no se vive una verdadera democracia porque tenemos un gobierno que trabaja para el beneficio de unos cuantos y ejerce un poder contra sus ciudadanas/os.  Dentro de este meollo de dictadura capital le mienten al pueblo diciéndole que el pueblo haitiano es el enemigo. 

A mí me gustaría ver que estos supuestos guardianes morales, públicamente incluyeran en su análisis que, quienes practican la corrupción gubernamental y el enriquecimiento ilícito, son enemigos del pueblo dominicano.  Por un lado, la privatización del sector público, una manifestación del terrorismo económico, para que unas empresas acumulen ganancias mientras le quitan al pueblo la esperanza de un trabajo o un salario decente; o le roban el derecho democrático de tener acceso a servicios básicos como lo son la educación y la salud, es una afrenta.  Por otro lado, existe de esta manera el enriquecimiento ilícito en donde servidores/as públicos no pueden demostrar el origen dudoso de sus riquezas. Peor aún, cuando un gobierno, como la administración del Presidente Fernández, tiene un sinnúmero de sus allegados cometiendo este tipo de pecado nacional, porque le roban al pueblo lo que le corresponde y le ponen a mendigar un 4% para el Ministerio de Educación o un 5% para la Universidad Autónoma. A esto se suma la penosa realidad de que el gobierno dominicano está cada vez más identificado como un narcogobierno. ¿Podríamos pedir explicaciones al enriquecimiento del Presidente Fernández? Por lo tanto, ¿por qué no decirles a estos/as funcionarios que no son amigos del pueblo dominicano?

Al Cardenal López Rodríguez, y los Juristas Vincho y Pelegrín Castillo, junto al Presidente Fernández, la voz profética y de verdadera honradez dominicana de Juan Bosch les sigue diciendo: El pueblo haitiano es un poco más pobre, y debido a esa circunstancia, luchando con el hambre, que es algo más serio de lo que puede imaginarse quien no la haya padecido en sí, en sus hijos y en sus antepasados, procura burlar la vigilancia dominicana y cruza la frontera; si el caso fuera al revés, sería el dominicano el que emigraría ilegalmente a Haití. (Carta para la historia: 14 de junio de 1943). Por esto yo siempre le he dado la bienvenida al pueblo dominicano que llega en yolas a nuestra patria puertorriqueña y/o a la ciudad de Nueva York.

Estos supuestos guardianes morales de la dominicanidad deberían de memorizarse la narrativa en la Biblia que nos habla de la falta de hospitalidad de Egipto y Sodoma

Fueron castigados con toda justicia por su propia maldad, porque habían mostrado un odio terrible hacia los extranjeros (Sabiduría 19:13).

Recomendaciones:

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Es sumamente importante que no sigamos criminalizando a los/as inmigrantes haitianos/as; son seres humanos, son la imagen de Dios. Por lo tanto aprendamos a dar explicaciones micro y macro sociales que NO oculten las verdaderas causas de la inmigración. Es importante detener de una vez y por todas las provocaciones de odio y desprecio que constantemente los guardianes morales emiten hacia el pueblo haitiano o las/os dominicanas/os de ascendencia haitiana. Esto es una traición al ministerio de reconciliación del hermano y compañero Jesús.

Reconozcamos el trauma psicosocial y espiritual, como herida de victimización, que describe a este pueblo inmigrante y que se caracteriza por  desórdenes de ansiedad, depresión, desórdenes de somatización, desórdenes obsesivos-compulsivos, pérdida de la autoestima, problemas económicos y muchos de los síntomas del estrés post-traumático. Hemos sido llamados por nuestra Diosa para desarrollar ministerios de reconciliación que puedan curar estas  heridas  sociales y espirituales. De aquí el que nos diga: El Espíritu de Dios está sobre mí, por cuanto me ha ungido para dar buenas nuevas a la gente pobre; me ha enviado a sanar a las personas quebrantadas de corazón; a pregonar libertad a quienes están en cautiverio, y vista a la gente ciega; a poner en libertad a quienes están en opresión… (Lucas 4:16-19).

Debe haber un despertar de compromiso entre quienes producen ideas y teorías-prácticas en República Dominicana, que destruyan las ideologías excluyentes que nos dejaron Peña-Batlle y Balaguer, por sólo mencionar dos nombres. En todo este proceso me sigue preocupando enormemente a quiénes podemos identificar como los/as seudointelectuales dominicanos/as que se caracterizan por ocultar las causas y a las personas responsables de los males que aquejan a estos sectores, a la sociedad. Una buena descripción de estas personas nos la da el periodista Sidney Harris quien nos dice de una manera genial que: las personas intelectuales están buscando las preguntas correctas; mientras que las/os seudointelectuales, buscan dar las respuestas que les parecen que son correctas. Además detrás de la violación a los derechos y la dignidad humana no se pueden esconder los crímenes contra la humanidad.

Por otro lado hay la necesidad de desenmascarar a todos/as estos/as seudohistoriadores/as dominicanos/as que se han obstinado en solo mencionar la Independencia Efímera  del 1 de diciembre de  1821 y la guerra de independencia del 27 de febrero de 1844, dándole énfasis a la colonización por parte de Haití, para despreciar al pueblo haitiano. Pero con una miopía socio-política ignoran intencionalmente lo que para mí sigue siendo la “verdadera guerra de independencia, el 16 de agosto, porque la del 27 de febrero se perdió en manos del  conservadurismo y anexionismo dominicano con traidores como Pedro Santana. Por supuesto, parte de este juego socio-político histórico de invisibilizar la Guerra de la Restauración del 16 de agosto de 1863-65 es porque en esa ocasión Haití desempeñó un papel significativo en facilitar la reconquista de la independencia dominicana la cual había caído de nuevo bajo el yugo de la colonización de España. De la misma manera, estos/as seudohistoriadores ignoran las invasiones realizadas bajo el imperialismo estadounidense, incluyendo la destrucción de su proyecto democrático con la Constitución del 1963 y del gobierno de Juan Bosch, dejando como resultado los 12 años de dictadura  de uno de los mayores terroristas políticos de este hemisferio: Joaquín Balaguer. Dejemos claro que Haití no es el enemigo; sino más bien, la realidad de que la República Dominicana, en estos momentos, es una neo-colonia del imperialismo estadounidense. A partir de 1965 fue cedida en bandeja por los gobiernos del Partido Reformista Social Cristiano (PRSC), el Partido Revolucionario Dominicano (PRD) y el Partido de la Liberación Dominicana (PLD); tres opciones políticas de un mismo partido que responde a los intereses de la clase dominante y gobernante. De aquí la necesidad de que tanto Leonel Fernández, Vincho, Pelegrín y López Rodríguez analicen su masculinidad de frente a lo que Juan Bosch les esta diciendo: Ese sentimiento de indignación viril que los anima ahora con respeto a Haití, volvámoslo contra el que esclaviza y explota a los dominicanos; contra el que, con la presión de su poder casi total, cambia los sentimientos de todos los dominicanos, los mejores sentimientos nuestros, forzándonos a abandonar el don de la amistad, el de la discreción, el de la correcta valoración de todo lo que alienta en el mundo. (Carta para la historia: 14 de junio de 1943).

Se hace necesario, asimismo, que el liderato religioso cristiano (católico y protestante) junto a otras realidades religiosas dominicanas (africanas, judías, musulmanas, etc.) debe producir una teología de liberación para el pueblo que condene este atropello de racismo y antihaitianismo que violentan los principios de la justicia divina.  Todos los libros sagrados  de estas religiones nos hablan de una manera positiva sobre los ministerios de reconciliación.

También se hace necesario que la izquierda dominicana –afiliada y no afiliada- no siga ignorando este tema, el cual es de gran importancia para la vivencia democrática. Esta actitud de indiferencia ha dejado como resultado que personas que dicen estar políticamente organizadas lo que demuestran es una gran insensibilidad, letargo afectuoso y a su vez distanciamiento emocional a la realidad haitiana y de dominicanas/os de ascendencia haitiana.

De la misma manera, me parece a mí, se hace necesario que redefinamos lo que estamos llamando nacionalidad desde una perspectiva de dignidad humana. Es decir, debe de ser algo mas allá de un estatus atribuido por el Estado a quienes nacen o cumplen con una serie de requisitos de papeles. Hay la necesidad de comenzar a dialogar en el marco de una ética humana que nos conduzca a pensar siempre en el beneficio humano con una economía solidaria sin tener que llamarle a otro ser humano “ilegal”. Es esa comunión de vivencia colectiva de la que teológicamente se nos habla cuando Caín luego de despreciar y asesinar a su hermano Abel cuando Dios le preguntó por su hermano este le contestó: ¿Soy yo acaso guarda de mi hermano? (Génesis 4:1-11). La narrativa es simple, aunque profunda: Caín criminalizó a su hermano y decidió eliminarlo. De aquí entonces la necesidad de que la definición de nacionalidad mas allá de estar circunscrita a fenómeno de nacer en un país o territorio debería de incluir como plataforma la obligación que tenemos de poder compartir nuestras necesidades sociales, espirituales, económicas, afectivas, etc., con nuestras/os hermanas y hermanos De lo contrario recurrir a la criminalización de la inmigración es muy fácil.

El rescate de la dignidad humana puede comenzar por reconocer que no existe  ningún ser humano ilegal o extranjero/a, por lo tanto la regla de vivencia debería ser lo que el compañero y hermano Jesús nos está diciendo…Todo lo que ustedes desearían de los/as demás, háganlo con ellas/os: ahí esta la Ley y Los/as Profetas. Mateo 7:12.  A esta narrativa Bíblica yo le añado la reflexión del profesor Juan Bosch cuando nos dice: Pero creo también - y espero no equivocarme - que Uds. sufren una confusión; que Uds. han dejado que el juicio les haya sido desviado por aquéllos que en Haití y en la República Dominicana utilizan a ambos pueblos para sus ventajas personales. (Carta para la historia: 14 de junio de 1943).

Esto es exactamente lo que estamos pidiendo para nuestras/os hermanas/os dominicanas/os quienes sufren en carne propia el racismo y la anti-dominicanidad que existe en mi patria, Puerto Rico. Y lo mismo que pedimos aquí en Estados Unidos en donde nos meten a todas/os en una licuadora para llamarnos latinos/as o hispanos/as y nos desprecian diciéndonos que con nuestra invasión silenciosa nos hemos convertido en la sabandija de donde proceden todos los males que ocurren en este país.

De esta forma existe la necesidad de una reconciliación entre ambos pueblos –partiendo de la realidad de que República Dominicana es el país agresor- y entendiendo que la misma no se impone con decretos ni mucho menos se da de la noche a la mañana. Esto es un proceso de sanación que podemos lograr si permitimos que el amor, el respeto, la verdad, la justicia y la paz se conviertan en el fundamento de nuestras reconciliaciones.

En su inmortal carta para la historia Juan Bosch nos sigue diciendo: Nuestro deber es, ahora, luchar por la libertad de nuestro pueblo y luchar por la libertad del pueblo haitiano. (Carta para la historia: 14 de junio de 1943). Una manera de luchar por esta justicia es ofreciendo la hospitalidad que el pueblo dominicano sabe ofrecer y que le ofrece a otras personas.

En el amor solidario, el sacramento más importante, seguiremos resistiendo y educando, rescatando la espiritualidad subversiva del pueblo.

Padre Luis Barrios

19 de diciembre de 2011

 Luis Barrios, Ph.D., BCFE

*Professor, John Jay College of Criminal Justice- Department of Latin American & Latina/o Studies

*Member of Ph.D. faculties in social/personality psychology, Graduate Center-City University of New York

*Visiting Professor of Research & Methodology and Criminal Justice; Facultad de Ciencias  Jurídicas y Politicas: Universidad Autonoma de Santo Domingo-UASD and Universidad Iberoamericana-UNIBE, Santo Domingo, Dominican Republic